Castejón de Sos, el paraíso del vuelo libre en Huesca

20 minutos.es

miércoles, 02 de enero de 2013 12:27 GMT

GUIA REPSOL

  • Desde el valle de Benasque, en parapente o ala delta sobre un paisaje de postal.
  • Con las cimas del Aneto y Posets por el norte, y de Cotiella y Turbón por el sur.
  • Desde el aire se sigue el río Ésera a lo largo de 1.350 metros de desnivel.

Despegar desde las laderas del valle de Benasque y lanzarse a volar sobre un paisaje de postal a través del río Ésera. Solos o en compañía, los vuelos libres en Castejón de Sos demuestran por qué es una de las capitales europeas del parapente o el ala delta. Esta localidad de la zona del Alto Ésera, en el noreste de la provincia de Huesca, disfruta de una situación estratégica en el valle de Benasque.

Las cimas del Aneto y Posets por el norte, y de Cotiella y Turbón por el sur, delimitan una zona de más de 100.000 metros cuadrados que son ideales para la práctica del parapente, con numerosos despegues y zonas de aterrizaje señalizadas.

Estas condiciones han hecho que en Castejón haya un gran número de escuelas y centros de parapente, como Volar en Castejón, Parapente Pirineos o Tandem Team.

La práctica del vuelo libre es un proceso progresivo que se inicia con los vuelos biplaza. En ellos, el debutante va sujeto al monitor, que guía durante todo el vuelo. Esta actividad puede tener una duración de 25 minutos. Se trata de un primer paso imprescindible antes de decidirse por uno de los cursos posteriores, que incluyen diferentes niveles: iniciación, progresión y perfeccionamiento.

El proceso de aprendizaje comienza en tierra

La formación se inicia en tierra, con las prácticas en terreno llano, en las que se conocen las diferentes partes del parapente. También se empieza a practicar el inflado mediante la carrera, técnica imprescindible para el despegue, en la que tenemos que situar el parapente en la vertical sin que este se caiga. Los mandos situados en las manos permiten practicar con la dirección.

Las maniobras de despegue y aterrizaje se empiezan a practicar en laderas con desniveles de 20-80 metros. Los vuelos de altura, por su parte, sirven para aprender a desplazarse, hacer giros y controlar la aproximación. Este es el proceso por el que el aparato pierde altura mediante la realización de unos giros que le aproximan al lugar de aterrizaje.

Durante todo el proceso de formación, se cuenta con la ayuda y supervisión de monitores especializados, con los que se está conectado permanentemente por radio. Esto permite conocer a fondo las reacciones del parapente en determinadas maniobras y aprender las técnicas para subir en térmicas y realizar rápidos descensos sin peligro. Los cursos de perfeccionamiento se pueden realizar cuando ya se dispone de la autonomía para despegar y aterrizar en solitario.

Un punto de vista diferente sobre Ribagorza

Después de haber superado la fase de iniciación, se está en condiciones de ascender por el cielo del valle de Benasque y seguir el curso del río Ésera a lo largo de 1.350 metros de desnivel. Esta es una buena manera de poder apreciar en su totalidad el condado histórico de Ribagorza.

Aunque presenta serios contrastes entre su parte norte y la sur, el agua es el elemento dominante en Ribagorza. Está presente en forma de ríos, como el Ésera, de manantiales de gran pureza y de pantanos.

El viaje a esta zona también merece la pena por probar la cocina altoaragonesa, de platos recios, cocinados según la costumbre, en horno de leña. En el restaurante El Fogaril, en Benasque (tel.: 974 551 080) se respeta esa tradición. Es una gastronomía de montaña, con abundancia de guisos (potaje), embutidos (longaniza) y carnes (guiso de jabalí). En Anciles, destaca el restaurante Ansils (tel.: 974 551 150).

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